February 16, 2021

Bishop Barres’ Lenten Letter/en Español 2021

Dear Friends:
“The Spirit drove Jesus out into the desert, and he remained in the desert for forty days, tempted by Satan…After John had been arrested, Jesus came to Galilee proclaiming the Gospel of God.”(Mark 1:12 – 14) Each year on the First Sunday of Lent, the Church presents for our reflection and prayer the experience of Jesus in the desert. Jesus’s experience in the desert follows immediately upon His baptism by Saint John the Baptist and immediately precedes His public ministry and proclamation of the Kingdom of God, in word and indeed. Saint Mark points out to us that the Spirit, who had just descended upon Jesus in the form of a dove, drove Jesus into the
desert.

The desert was a barren place, a place of lifelessness, the home of the devil and evil. The Spirit sends Jesus into the desert to prepare himself for the years of His public ministry, ultimately leading to His Death and Resurrection. Jesus spends time away from the world to prepare himself. But He also goes forth into the desert to begin His battle against evil, sin and death. Jesus goes into the very dwelling of evil to begin the confrontation. This battle will continue throughout the rest of Jesus’s life. The ultimate victory will come on Good Friday through His ultimate act of love on the Cross.

Our yearly experience of Lent, our forty day “desert experience,” can be viewed in the same way. We are inspired and sent by the Spirit to spend some time apart from the world of noise and recover the beauty of silence. But, we are also sent to do battle. Our experience of true silence should allow us the opportunity to both listen to the voice and promptings of God as well as to better know ourselves. This personal battle against sin and evil can be painful, because we come to realize that we are all in need of constant conversion. There are real changes each and every one of us need to make in our lives and our hearts this Lent. But like Jesus, we are not alone. The Lord was ministered to by angels during His forty days in the desert. We are constantly aided by our guardian angels, by the angels and saints in heaven, by the community of the baptized, and by the grace of the sacraments of the Church. Like Jesus, we need to emerge from the desert ready to take on the evils of the world and work to spread the Gospel.  Read full letter

Queridos amigos:
“El Espíritu expulsó a Jesús al desierto, y permaneció en el desierto durante cuarenta días, tentado por Satanás … Después de que Juan fue arrestado, Jesús vino a Galilea proclamando el Evangelio de Dios” (Marcos 1:12-14). El primer domingo de Cuaresma, la Iglesia presenta para nuestra reflexión y oración la experiencia de Jesús en el desierto. La experiencia de Jesús en el desierto sigue inmediatamente a Su bautismo por San Juan Bautista y precede inmediatamente a Su ministerio público y proclamación del Reino de Dios, de palabra y de hecho. San Marcos nos señala que el Espíritu, que acababa de descender sobre Jesús en forma de paloma, lo llevó al desierto.

El desierto era un lugar estéril, un lugar sin vida, el hogar del diablo y el mal. El Espíritu envía a Jesús al desierto para prepararse para los años de su ministerio público, lo que finalmente lo lleva a su muerte y resurrección. Jesús pasa tiempo fuera del mundo para prepararse. Pero también sale al desierto para comenzar su batalla contra el mal, el pecado y la muerte. Jesús entra en la misma morada del mal para comenzar la confrontación. Esta batalla continuará durante el resto de la vida de Jesús. La victoria final vendrá el Viernes Santo a través de Su último acto de amor en la Cruz. Nuestra experiencia anual de Cuaresma, nuestra “experiencia en el desierto” de cuarenta días, puede verse de la misma manera. Somos inspirados y enviados por el Espíritu para pasar un tiempo apartados del mundo del ruido y recuperar la belleza del silencio. Pero también somos enviados a la batalla. Nuestra experiencia del verdadero silencio debe permitirnos la oportunidad tanto de escuchar la voz y las impresiones de Dios como de conocernos mejor a nosotros mismos. Esta batalla personal contra el pecado y el mal puede ser dolorosa, porque nos damos cuenta de que todos necesitamos una conversión constante. Hay cambios reales que todos y cada uno de nosotros debemos hacer en nuestras vidas y corazones en esta Cuaresma. Pero como Jesús, no estamos solos. El Señor fue ministrado por ángeles durante Sus cuarenta días en el desierto. Nos ayudan constantemente nuestros ángeles de la guarda, los ángeles y los santos del cielo, la comunidad de los bautizados y la gracia de los sacramentos de la Iglesia. Como Jesús, debemos salir del desierto listos para enfrentar los males del mundo y trabajar para difundir el Evangelio. Leer más