April 17, 2017

Christ Is Risen! Alleluia! \ ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

Christ’s Resurrection is an object of faith in that it is a transcendent intervention of God himself in creation and history. —CCC, no. 648

When we speak of the Paschal Mystery, we refer to Christ’s death and Resurrection as one inseparable
event. It is a mystery because it is a visible sign of an invisible act of God. It is paschal because it is Christ’s passing through death into new life. For us it means that we can now die to sin and its domination of our lives, and we pass over into divine life already here on earth and more completely in heaven. Death is conquered in the sense that not only do our souls survive physical death, but even our bodies will rise again at the end of time at the Last Judgment and resurrection of the dead.

The Resurrection narratives in all four Gospels—though differing in details because of varying viewpoints of the different authors—maintain a similar structure in the narration of the events. At dawn on the Sunday after Christ’s death, Mary Magdalene and a companion go to the tomb to anoint
the dead body of Jesus. They find the tomb is empty. They meet an angel who proclaims the Resurrection of Jesus: “He is not here, for he has been raised” (Mt 28:6). They are told to bring the
Good News to the Apostles. Mary Magdalene leads the way and is celebrated in the liturgy of the Church
as the first witness to the Resurrection.

Next come the appearance narratives when Jesus appears to the Apostles and disciples in a number of
instances. St. Paul summarizes these appearances in his first Letter to the Corinthians (cf. 1 Cor 15:3-8).
Finally, the disciples are commissioned to bring the Gospel to the world. While the empty tomb of itself does not prove the Resurrection, since the absence of Christ’s body could have other explanations, it is an essential part of the proclamation of the Resurrection because it demonstrates the fact of what God has done in raising his Son from the dead in his own body. When St. John entered the empty tomb, “He saw and believed” (Jn 20:8).

This article is an excerpt from the United States Catholic Catechism for Adults, copyright © 2006, United States Conference of Catholic Bishops. All rights reserved.

 

La Resurrección de Cristo es objeto de fe en cuanto es una intervención trascendente de Dios mismo en la creación y en la historia. —CIC, no. 648

 

Cuando hablamos del Misterio Pascual, nos referimos a la muerte y Resurrección de Cristo como un solo e inseparable acontecimiento. Es un misterio porque es un signo visible de un acto invisible de Dios. Es pascual porque es el paso de Cristo a través de la muerte a la nueva vida. Para nosotros esto quiere decir que ahora podemos morir al pecado y su dominación de nuestras vidas, y pasamos ya aquí en la tierra a la vida divina y lo haremos más completamente en el cielo. La muerte es conquistada en el sentido de que no solo nuestras almas sobreviven la muerte física, sino que incluso nuestros cuerpos se levantarán de nuevo al final de los tiempos en el Juicio Final y la resurrección de los muertos.

Las narraciones de la Resurrección en los cuatro Evangelios —aunque difieren en
los detalles a causa de los distintos puntos de vista de los diferentes autores— mantienen una estructura similar en la narración de los acontecimientos. Al amanecer del Domingo tras la muerte de Cristo, María Magdalena y una compañera van a la tumba para ungir el cuerpo sin vida de Jesús. Encuentran la tumba
vacía. Se encuentran a un ángel que proclama la Resurrección de Jesús: “No está aquí; ha resucitado”
(Mt 28:6). Se les dice que lleven la Buena Nueva a los Apóstoles. María Magdalena es quien se pone al
frente y es celebrada en la liturgia de la Iglesia como el primer testigo de la Resurrección.

A continuación surgen las narraciones de las apariciones de Jesús cuando este se aparece a los Apóstoles y los discípulos en distintas ocasiones. San Pablo resume estas apariciones en su primera Carta a los Corintios (cf. 1 Co 15:3-8). Finalmente, los discípulos reciben la comisión de llevar el Evangelio
al mundo.

Mientras que la tumba vacía no prueba la Resurrección, ya que la ausencia del cuerpo de Cristo podría tener otras explicaciones, es una parte esencial de la proclamación de la Resurrección porque demuestra
el hecho de lo que Dios ha hecho al resucitar a su Hijo de la muerte en su propio cuerpo. Cuando San
Juan entró en la tumba vacía, “vio y creyó” (Jn 20:8).

Este artículo es un extracto del Catecismo Católico de los Estados Unidos para los Adultos, copyright © 2007, United States Conference of Catholic Bishops. Todos los
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